Según los últimos datos de la OMS ,más de 217 millones de personas tienen una deficiencia visual de moderada a grave y 36 millones son reconocidas como ciegas en todo el mundo. Esto, sumado a una población envejecida, cuya vista se ve progresivamente deteriorada, abrió una oportunidad de mercado para la empresa tecnológica Neosistec. "Era un campo especialmente interesante para tratar de lograr un avance a través de la tecnología", afirma Javier Pita, director ejecutivo de la compañía murciana.
Fue en 2012 cuando empezó a trabajar con el departamento de robótica de la Universidad de Alicante para crear lo que un lustro después se bautizaría como Navilens, la aplicación móvil para guiar a personas invidentes que hoy suma más de 10.000 descargas.
Tareas tan comunes y aparentemente sencillas comolocalizar el aseo en un espacio público, saber qué autobús acaba de llegar a la parada o dirigirse a la sala de embarque en un aeropuerto o a la recepción de un hotel son imposibles de realizar sin ayuda para una persona con discapacidad visual si no conoce previamente ese entorno. Gracias Navilens estas personas pueden hacer tareas comunes sin la necesidad de depender de otras personas.
Una de las principales potencias mundiales, EEUU, ha
iniciado una batalla comercial con el resto del mundo. Su presidente Donal
Trump, y su lema “America first”, ha generado una nueva relación comercial
proteccionista sin precedentes recientes.
Sin embargo, dentro de esta batalla comercial, la que más
está llamando la atención es la que mantiene con China, otro gigante económico
mundial.Así pues la relación entre
estos dos países está manteniendo en vilo al resto del mundo por las
consecuencias que puede tener a nivel general.
El inicio de esta lucha tiene lugar en el 2017 cuando EEUU ve
cómo su balanza comercial (diferencia entre lo que vende al exterior y lo que compra del
exterior) está muy desequilibrada, llegando a comprar 500.000 millones de
dólares más de lo que vende. Y uno de los países con los que más comercia EEUU
es China. Además EEUU dice que el país asiático copia productos tecnológicos a
EEUU, que fabrica en China y los vende de nuevo a EEUU.
Todo esto hace que el 22 de marzo de 2018 bajo el artículo 301 de
la Ley de Comercio de 1974, EEUU aplique aranceles por valor de 50.000 millones
de dólares a productos de China, acción que rápidamente fue respondida por
China imponiendo aranceles a 128 productos estadounidenses.
Desde entonces hasta ahora la escalada de nuevos aranceles
por parte de los dos países ha ido incrementándose.
China acudió a la Organización Mundial del Comercio para
buscar una solución y ambos países se han reunido en varias ocasiones sin
llegar a un acuerdo. Establecieron una tregua a finales de año que se ha roto
de nuevo.
Esta guerra comercial ha resultado ser un
éxito económico a corto plazo para EEUU porque las exportaciones de EE.UU a
China subieron un 23,6% mientras las importaciones cayeron un 6,1% y el déficit
comercial entre EE.UU. y China ha descendido considerablemente.
Sin embargo los expertos dicen que a largo
plazo puede causar efectos negativos pues los precios de venta de estos
productos en EEUU pueden subir con lo que el consumidor final acabará pagando
más y además uno de los aranceles que ha subido China es el de la soja que trae
de EEUU siendo el mayor comprador de soja de EEUU. Si estas compras se
resienten, los agricultores de EEUU, se verán afectados y son uno de los
mayores votantes de Trump.
Esta política de
aranceles iniciada por EEUU ha repercutido principalmente en la relación con
China, pero el país norteamericano ha establecido aranceles con otros países (México,
Unión Europea, Canadá, Rusia e India) que también han respondido con nuevos
aranceles a productos estadounidenses.
Sin embargo, la mayor repercusión de esta política del
gobierno de Trump ha sido el desencuentro con China, lo que ha generado una gran
incertidumbre entre el resto de países del mundo que temen la destrucción de
puestos de trabajo, la disminución del comercio mundial y que se pueda empezar
a formar dos bloques económicos mundiales con países que defiendan a EEUU y
otros a China, lo que dificultará las relaciones mundiales entre los países.
En mi opinión, las decisiones de los países en el comercio con otros países se deben hacer teniendo en cuenta todas las consecuencias de cambios tan radicales como los que están haciendo EEUU y China. Creo que las normas que regulan el comercio entre países tendrían que estar acordadas por todos y evitar que nadie se las pudiera saltar y si alguien no está de acuerdo con ellas debería negociarlas sin tomar decisiones antes de llegar a un acuerdo. También me parece injusto que dos países, sólo por el hecho de ser los más potentes en la economía, puedan poner en riesgo a otros países.
El 12 de mayo, Donald Trump
anuncio en Twitter que elevará del 10% al 25% los aranceles que
aplica a productos chinos importados por valor de 200.000 millones de
dólares.
El
presidente Trump quiere acabar con el conflicto comercial que opone
Washington a Pekin y que dura desde muchos años. Más de 250 mil
millones de dólares de importaciones sufre de aranceles punitivos, y
pasó el viernes de 10 a 25% con 200 mil millones de dólares.
Además, Donald Trump ordenó el inicio del procedimiento para
imponer aranceles a los 300 mil millones de importaciones chinas
restantes. Si se decide, este nuevo aumento probablemente no sea
efectivo antes algunos meses, pero permite restringir el control
sobre China en las difíciles negociaciones comerciales en curso.
También, el presidente de EEUU había aconsejado a los fabricantes
estadounidenses producir
en Estados Unidos en lugar de importar productos chinos, para evitar
verse afectados por el aumento de los aranceles. Se supone que la
última medida ordenada por Donald Trump desalienta las importaciones
del gigante asiático al hacer que sus productos sean más caros
pero, de hecho, es probable que penalice a las empresas y los
consumidores estadounidenses. Estos impuestos son facturados por la
aduana no a los exportadores chinos, sino a los importadores
estadounidenses que pasan este costo adicional en sus precios de
venta.
Pero, el presidente de Estados Unidos defendió su política de
aranceles punitivos contra China después de declaraciones ambiguas
de su asesor económico principal, Larry Kudlow, quien admitió que
también podría tener un impacto en las compañas estadounidenses.
“Estamos exactamente donde queremos con China. Recuerden, volvieron
a sus compromisos con nosotros y trataron de renegociar”, dijo el
domingo por la noche en Twitter. “Tomaremos decenas de miles de
millones de dólares de aranceles de China. Los importadores de
productos pueden fabricarlos en los Estados Unidos (ideal) o
comprarlos en países que no están sujetos a aranceles”, agregó
Trump. Sin embargo, Larry Kudlow admitió en la televisión
que "De hecho, ambas partes pagarán. Ambas partes
pagarán por esto. Ambas partes sufrirán por esto". Después,
aseguró
que el buen desempeño de la economía de los Estados Unidos iba a
permitirle amortiguar cualquier efecto negativo.
En
este gráfico,
se ve el desequilibrio
de las exportaciones entre China y EE.UU.
En
efecto, China
exporta mucho más
que EE.UU y la brecha está
aumentando.
En
miles de millones
de euros,
en 2007, China exportaba 274 mientras que EE.UU., 54. Hoy, las cifras
han aumentando pero cuando EE.UU. exporta 111 miles
de millones
de euros,
China
en exporta 431. La brecha es enorme !
Entonces,
se entiende porque Trump quiere reducir la brecha que existe entre China
y Estados Unidos, para mejorar la economía de su país. Sin embargo,
esta decisión
puede tener consecuencias muy importantes al nivel mundial y poner en
peligro otras economías en el mundo.